20 de octubre de 2019
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Voluntariado estudiantil ecuatoriano, clave en la protesta indígena contra el FMI

ECUADOR PROTESTAS

Quito, 12 oct (EFE).- Cientos de estudiantes universitarios de Ecuador han decidido colgarse voluntariamente el delantal e ir a cocinar para miles de indígenas que protestan desde hace diez días en Quito contra unos ajustes económicos aplicados por el Gobierno, en el marco de un acuerdo crediticio con el FMI.

Son estudiantes de algunas universidades quiteñas que se han puesto al servicio de los indígenas para facilitarles su estadía en la capital.

Karla Altamirano, presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad Politécnica Salesiana (UPS), lo tiene claro: "Esto nos motiva como salesianos porque ayudamos a la gente que más lo necesita".

Ella dirige, de momento, el contingente de 110 personas, el 60 por ciento estudiantes y el resto personal administrativo y docente de la UPS, que colabora en la asistencia a los casi 2.500 indígenas que en promedio permanecen cada día en ese centro académico.

Los voluntarios han sido agrupados en tres turnos: Uno para atender el desayuno en la mañana, otro para la comida del mediodía y un tercero para el turno de noche y madrugada.

Además, los voluntarios deben atender tareas permanentes como la recepción de donaciones, el acopio de alimentos y vituallas, la atención sanitaria, la limpieza y el acompañamiento a niños y madres, explicó Altamirano en un diálogo con Efe.

La tarea, según contó, empieza antes de las cinco de la mañana, cuando la mayoría de campesinos que pernoctan en ese centro se levantan para asistir a las reuniones que los dirigentes del paro realizan para organizar las acciones de protesta en cada jornada.

Relató que el grupo de la comida, este viernes, preparó "tigrillo", un popular plato con base en plátano verde, y café, que se brindó a hombres, mujeres y niños.

Y es que, según Altamirano, los indígenas "han llegado a Quito en familia", como suele ser costumbre dentro de la cosmovisión andina, y por eso mismo se ha conformado un grupo de "misiones", voluntarios que suelen acompañar a los niños cuando sus padres se han ido a las manifestaciones.

Apenas acaba la tarea del desayuno, a eso de las nueve de la mañana, los voluntarios se esmeran en la limpieza para dejar todo listo para el grupo del mediodía y tarde.

A los fatigados manifestantes se les da, a la hora de almuerzo, una porción de caldo, otra de arroz con algún acompañamiento y una fruta o pan.

Luego de eso otra vez la tarea de limpieza, que se ha convertido en permanente, para dar paso al grupo de la noche y madrugada que prepara una merienda o cena, con aguas aromáticas (infusiones) o café y panecillos.

Todo se hace con las donaciones que permanentemente ciudadanos anónimos dejan en la puerta de entrada del centro académico, donde se reciben alimentos no perecederos, útiles de aseo, zapatos, medicinas verificadas y ropa clasificada.

Hay algunas cosas que no se reciben como alimentos que puedan dañarse, medicinas no necesarias o próximas a caducar y ropa usada en mal estado, entre otros, contó Altamirano.

A un costado del gran patio central de la universidad salesiana, unos carteles colgados en ventanales de una de las edificaciones del complejo, advierte de que ese es un centro de atención médica, con voluntarios estudiantes de medicina y personal del Ministerio de Salud que ha ido para colaborar.

Ese espacio es restringido, porque debe permanecer con algún nivel de esterilización y limpieza para optimizar las atenciones.

Al otro costado está la capilla del centro académico, que no ha sido usado en esta ocasión para fines oratorios, pues el coordinador de Pastoral de la UPS, el padre Jaime Chalá, ha preferido ofrecer las misas en el coliseo (gimnasio) de la institución, donde se acomodan colchones para que duerman los visitantes.

El coliseo, según la dirigente estudiantil, tiene capacidad para que duerman unas 2.500 personas cada noche, pero dijo que le ha llamado la atención como se agolpan las familias, padre, madre e hijo, en un solo colchón.

"Si algo me llevo de esta experiencia es la unidad familiar de los indígenas, siempre están juntos como familia y en comunidad. Como ellos dicen: como 'un solo puño'", remarcó Altamirano.

Asimismo, "la fidelidad de los indígenas a los dirigentes" es otra de las cosas que Altamirano destaca de la estadía de miles de campesinos en la UPS.

Sin embargo, la mayor conclusión para ella es la voluntad de cientos de jóvenes para "colaborar y ayudar a los que más necesitan. Eso nos inspira a los salesianos", reiteró.

Recordó que este tipo de voluntariado también se ha reproducido en las otras universidades que han servido de albergue para las decenas de miles de manifestantes que han llegado desde el sector rural a la capital.

Con ese fin han sido adecuados espacios en las universidades Central (estatal) y Católica, donde también el voluntariado estudiantil juega un rol clave en la protesta indígena en Quito.

Fernando Arroyo León

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